sábado, 4 de abril de 2020

El virus del odio

Una España fragmentada por el odio político, no puede ser eficiente en la lucha contra una pandemia como es el coronavirus. Recordemos que antes del estado de alarma, cada comunidad autónoma autogestiona y es plenamente competente en materia de sanidad, es decir, los gobierno autonómicos o regionales son los responsables de dicha gestión.  Tras el estado de alarma, en el que se declara un mando único para la gestión sanitaria, los ciudadanos hemos asistido a una serie de reproches diarios, entre gobiernos autonómicos y central, fijándose más en siglas políticas por parte de unos y no tanto en la eficacia y coordinación para salvaguardar la seguridad de los ciudadanos. Para ello, véase, el gran desastre de la comunidad de Madrid o los desplantes y vaivenes del primer dirigente catalán. Creo que sobran nombres en este momento y tiempo habrá para poder hacer juicio de valor y sacar conclusiones, pero como español siento vergüenza de ver cómo prensa extranjera nos saca los colores sobre el afeo continuo de los rivales políticos como si estuviésemos en plena campaña electoral. Como bien sabemos, algunos partidos ultras, de los cuales todos sospechamos de los presuntos autores, se han valido de bulos y mentiras para generar más confusión y más malestar social al ya de por sí de esta situación crítica. Si bien es cierto que los chinos nos han traído un coronavirus, otros nos traen el virus del odio. Uno más dañino que otro, pero ambos desgraciadamente matan.

miércoles, 25 de marzo de 2020

Algunos virus en la sociedad.



Nos creímos intocables, casi inmortales. Pues quién iba a imaginar que en pleno siglo XXI, en plena expansión tecnológica y científica, la sociedad occidental en el año 2020, se viera abocada a una pandemia de tal calibre por la afección vírica del COVID-19, este virus que amenaza a toda la humanidad. Algo sin precedentes en nuestro tiempo. Ante tal magnitud, nos encontramos en este estado de alarma, que nos obliga y nos auto obligamos conscientes de la situación, a permanecer aislados en nuestras casas con el fin de reducir la propagación del virus, con el fin de reducir el contagio de unos a otros, porque ante tal emergencia sanitaria, todos debemos colaborar. Unos lo harán desde la ciencia y la investigación a contrarreloj, para poder paliar los efectos del letal virus, otros grandes profesionales, los médicos y resto de personal sanitario (para mí los verdaderos héroes porque siempre están entre la vida y la muerte) ayudan a que los enfermos puedan recuperarse y volver a casa sanos con sus familiares. Otros trabajan a pie de calle para mantener el orden público preservando la seguridad ciudadana, mientras ejércitos de personal y profesionales limpian y desinfectan las vías públicas y mobiliario urbano. Otros desde la administración pública trabajan día a día para que nada de lo imprescindible pare. Todo para ganar la batalla al virus. Y así, también nos lo cuentan los profesionales de la información y comunicación. Pero como toda sociedad, unos necesitan de otros, y por ello hay personal, que día a día también se arriesga a contraer una infección del virus, porque los suministros y ciertos abastecimientos no pueden fallar, entre otras cosas, porque cuando vamos al supermercado a comprar queremos disponer de los alimentos necesarios para abastecer nuestras despensas, y de algún modo, continuar en la medida de lo posible, confinados en casa, pero con dignidad humana. Y de un mismo modo, porque tampoco pueden faltar los medicamentos con todo lo que ello supone. Porque si bien en este tiempo nos está tocando librar una guerra contra un virus, tenemos la ventaja, de que, en esta guerra, la humanidad está y debe estar unida frente al único enemigo común, y no como en épocas pasadas que unos se mataban entre otros bien por poseer territorios o por la simple voluntad del tirano de turno. Lo cierto es que no hace falta ir a épocas pasadas para encontrarnos con situaciones de guerra entre pueblos o conflictos bélicos, como ha ocurrido recientemente y sigue ocurriendo en Yemen, Siria, o Libia entre otros países, donde el sufrimiento humano es mucho peor y nada comparable. Y no pretendo hacer ningún tipo de comparación porque evidentemente nada es comparable, puesto que el reto de esta sociedad es colaborar unos con otros, y es aguantar en nuestras casas para frenar el contagio. Es el sacrificio que se nos ha pedido en este tiempo. Todos sabemos que es duro, y tendremos que seguir concienciándonos porque esto va con todos y pensemos que siempre podría ser mucho peor. Tal vez, tengamos la oportunidad, con este confinamiento para reencontrarnos con nosotros mismos, leer aquel libro que queríamos leer, escribir, tocar música, y bien sabe que otro arte podemos hacer. Recuperar esa parte de humanidad y creatividad que siempre ha caracterizado a los seres humanos. Y cuando salgamos de esta, estoy convencido, de que muchas cosas van a cambiar, sobre todo, la percepción de como vemos el mundo y la vida.

domingo, 29 de julio de 2018

¿Verdad o mentira?


Cuando nos hacemos la pregunta, ¿Qué podemos hacer para contribuir a este espacio tiempo en el que vivimos? o bien, cómo aportar las inquietudes y cuestiones que hacen que el pensamiento crítico tome la posición que merece, es decir, abrir debates sobre cuestiones de hoy, que nos afectan a todos no solo al presente sino también planteamientos del porvenir, del futuro y que por desgracia, estos temas no son tratados adecuadamente por los medios de comunicación o mejor dicho, empresas dedicas a la venta de información domesticada para un uso sensacionalista y no divulgativo social y culturalmente. Puesto que, solo hay que encender el televisor, en la franja de 14:00h a 15:30h, y veremos como las cadenas generalistas, disparan la artillería de noticias precocinadas, cargadas de titulares, buscando un efecto de enganche con el espectador, saben que son horarios de máxima audiencia y por lo tanto el poder de influencia sobre la ciudadanía aumenta. Bajo mi punto de vista, y recalco que es mi opinión, el modo en el que nos han acostumbrado a ver o escuchar las noticias, ya no tanto el formato si no el modo en el que estas son cosechadas y preparadas para su venta en televisión, solo aportan indiferencia ante el receptor, ya que focalizan y redundan la relevancia del contenido en el efecto llamado “noticia bomba” y no en el fondo de la cuestión claves de una noticia que cumpla con los principios básicos del periodismo, (las seis W, también conocidas como las cinco W y una H) Qué (What); Quién/Quiénes (Who); Cuándo (When); Dónde (Where); Por qué (Why); Cómo (How), de los cuales, estos principios garantizan el fin último del periodismo, informar veraz y rigurosamente al público. Pues bien, ahora nos encontramos en que no solo la TV vende este modelo de noticiarios, si no también podemos encontrar en internet, o cualquier dispositivo móvil conectado a la red, periódicos digitales, redes sociales, apps de redifusión de noticias, e incluso pequeños medios de difusión de noticias, que suben dicha información a sus blogs, apps, o Podcast a la vista y acceso del gran público. En principio, no debería ser motivo de alarma, pero ¿Quién nos garantiza la veracidad del contenido?, ¿Qué motivaciones o intenciones hay en lanzar una noticia o titular de un modo determinado u otro?, ¿Conocemos quien, o que  finanza dicho medio?, ¿Qué rigor tiene dicha información que nos ofrecen supuestamente de forma gratuita? Estas simples cuestiones, son las que me planteo cuando decido informarme sobre las noticias diarias, y es que debemos aprender, no solo a conocer la fuente, si no también tener en cuenta la sospecha de que probablemente, sea una noticia manipulada intencionadamente, o que una simple opinión se ha interpretado como noticia informativa, y esto mi querido lector, creo que es bastante peligroso, por la trascendencia e impacto mediático que tienen ciertos medios que influyen en la opinión de la ciudadanía. 

La cuestión de esta primera publicación en este Blog de opinión personal, es reflexionar sobre el derecho a libertad de expresión, (concepto muy recurrido ante la ley mordaza) y sobre todo más importante, el derecho a la información inequívoca, contrastada y documentada, con el fin de filtrar y eliminar noticias falsas o “feak news” que además de llevarnos a confusión, sirven para manipular sociedades o colectivos para fines interesados no solo empresariales, si no políticas que obedecen a estándares de adoctrinamiento.  Por lo tanto, partiendo de esta afirmación, ¿Realmente creemos que hay libertad de expresión, si esta en primer momento carece de conocimiento? Y cuando apunto a la “libertad de expresión” no me refiero a la libertad de hablar de un tema o de otro, o expresar libremente sus creencias o ideales, si no que mi planteamiento se centra, sobre si con la información que en primer plano nos proporcionan, estamos plenamente documentados o tenemos el conocimiento necesario a la hora de elegir o participar en los acontecimientos democráticos que devengan de la política, que sin duda son derechos y deberes del ciudadano, pero la titularidad del poder no recae al conjunto de la ciudadanía si no se garantizan tales derechos. Por lo tanto, una vez más, el ciudadano además de contribuir social y económicamente al conjunto del Estado, debe asegurarse y urgir en asuntos de Estado (económica, sanidad, educación, derechos, obligaciones) de las cuales seguramente no disponga del tiempo suficiente para tales tediosos asuntos, y que además deberá esquivar supuestamente información no veraz o no contrastada, que está disponible al alcance de todos. ¿Me parece solo a mí que hay algo más que desdeñadas intenciones y una analogía o planteamiento de falsa democracia por parte de la clase política?

No pretendo caer o creer en conspiraciones, solo discrepo en el asunto de que exista una verdadera democracia, cuando los principios de esta no están garantizados, y que debemos discrepar y ser críticos en los planteamientos actuales, y como se está enfocando el futuro y si realmente es lo que queremos y que podemos hacer para cambiarlo o mejorarlo. Fijemos el primer paso en abrir los ojos, y mantener la “vigilia” al fin y al cabo forma parte de nuestra naturaleza.


Esto es solamente un pequeño ejemplo, como inicio de partida en este viaje bloguero, una forma de compartir mis reflexiones e inquietudes con vosotros, y espero que este pequeño y humilde archivo, sirva de ayuda para quien así lo considere.