miércoles, 25 de marzo de 2020

Algunos virus en la sociedad.



Nos creímos intocables, casi inmortales. Pues quién iba a imaginar que en pleno siglo XXI, en plena expansión tecnológica y científica, la sociedad occidental en el año 2020, se viera abocada a una pandemia de tal calibre por la afección vírica del COVID-19, este virus que amenaza a toda la humanidad. Algo sin precedentes en nuestro tiempo. Ante tal magnitud, nos encontramos en este estado de alarma, que nos obliga y nos auto obligamos conscientes de la situación, a permanecer aislados en nuestras casas con el fin de reducir la propagación del virus, con el fin de reducir el contagio de unos a otros, porque ante tal emergencia sanitaria, todos debemos colaborar. Unos lo harán desde la ciencia y la investigación a contrarreloj, para poder paliar los efectos del letal virus, otros grandes profesionales, los médicos y resto de personal sanitario (para mí los verdaderos héroes porque siempre están entre la vida y la muerte) ayudan a que los enfermos puedan recuperarse y volver a casa sanos con sus familiares. Otros trabajan a pie de calle para mantener el orden público preservando la seguridad ciudadana, mientras ejércitos de personal y profesionales limpian y desinfectan las vías públicas y mobiliario urbano. Otros desde la administración pública trabajan día a día para que nada de lo imprescindible pare. Todo para ganar la batalla al virus. Y así, también nos lo cuentan los profesionales de la información y comunicación. Pero como toda sociedad, unos necesitan de otros, y por ello hay personal, que día a día también se arriesga a contraer una infección del virus, porque los suministros y ciertos abastecimientos no pueden fallar, entre otras cosas, porque cuando vamos al supermercado a comprar queremos disponer de los alimentos necesarios para abastecer nuestras despensas, y de algún modo, continuar en la medida de lo posible, confinados en casa, pero con dignidad humana. Y de un mismo modo, porque tampoco pueden faltar los medicamentos con todo lo que ello supone. Porque si bien en este tiempo nos está tocando librar una guerra contra un virus, tenemos la ventaja, de que, en esta guerra, la humanidad está y debe estar unida frente al único enemigo común, y no como en épocas pasadas que unos se mataban entre otros bien por poseer territorios o por la simple voluntad del tirano de turno. Lo cierto es que no hace falta ir a épocas pasadas para encontrarnos con situaciones de guerra entre pueblos o conflictos bélicos, como ha ocurrido recientemente y sigue ocurriendo en Yemen, Siria, o Libia entre otros países, donde el sufrimiento humano es mucho peor y nada comparable. Y no pretendo hacer ningún tipo de comparación porque evidentemente nada es comparable, puesto que el reto de esta sociedad es colaborar unos con otros, y es aguantar en nuestras casas para frenar el contagio. Es el sacrificio que se nos ha pedido en este tiempo. Todos sabemos que es duro, y tendremos que seguir concienciándonos porque esto va con todos y pensemos que siempre podría ser mucho peor. Tal vez, tengamos la oportunidad, con este confinamiento para reencontrarnos con nosotros mismos, leer aquel libro que queríamos leer, escribir, tocar música, y bien sabe que otro arte podemos hacer. Recuperar esa parte de humanidad y creatividad que siempre ha caracterizado a los seres humanos. Y cuando salgamos de esta, estoy convencido, de que muchas cosas van a cambiar, sobre todo, la percepción de como vemos el mundo y la vida.